Es el momento de hablar del amor y la pasión, en este íntimo y cálido rincón lleno de esencias que nos embriagan el alma, nos roban el aliento, llegan a transportarnos a lugares insospechados, a sentir emociones y vivir sensaciones tan intensas que no podemos contener. Sí, ha llegado el momento de hablar del poder mágico que tienen las hierbas y las especias sobre nosotros, el cual las ha convertido en las artífices de perdiciones desenfrenadas a la hora de comer y amar.
Y es que las hierbas y especias aromáticas llevan por sí mismas una carga erótica, emotiva y estimulante que las hace únicas. Estas hadas de la cocina son esencia de lujuria concentrada, desde la más diminuta semilla o la más sublime flor hasta el fruto más jugoso y excelso. La estimulación que generan puede ser tan diversa como infinitas son sus esencias…
Desde tiempos remotos han sido conocidas, seleccionadas y preferidas por cualidades organolépticas y propiedades medicinales tan particulares, que las han hecho especiales a lo largo de la historia, incluso me atrevería a decir que lo seguirán siendo hasta el final de los tiempos.
Aún cuando en la antigüedad no se tenían pruebas científicas que avalaran el poder afrodisíaco que tienen algunas hierbas y especias, las experiencias en las preparaciones de brebajes, “filtros amorosos” y esencias para perfumar y untar, las historias relatadas de boca en boca y el valor tanto culinario como comercial que tenían muchas de ellas, hizo que algunas se fueran popularizando y generando curiosidad en quienes las empleaban en las artes del deseo.
Algunos ejemplos de estas son:
La albahaca, hierba embriagante que nos llena de pasión y aumenta nuestra fecundidad.
EL laurel, hojas recias que coronaban a los héroes romanos para dejar clara su virilidad.
La perfumada lavanda, afrodisíaco predilecto para acompañar a los amantes en la cama, escondida muy discretamente debajo de la almohada.
Las hojas frescas de la menta que Shakespeare suponía eran estimulantes poéticos de los caballeros de mediana edad.
Las doradas y encendidas hebras del azafrán que aumentan el deseo sexual, estimulan el útero y la circulación sanguínea…se enlazan con las fibras de tu corazón y te roban un suspiro…
El intenso fenogreco, que enciende bajas pasiones y provoca sueños sensuales.
Los diminutos frutos del anís, que en el Medio Oriente incitan al amor de los recién casados y podría curar la impotencia.
El cardamomo, símbolo de genitales femeninos (del yoni) en algunos ritos tántricos.
La dulce y penetrante vainilla, afrodisíaco excelente que aumenta nuestra libido y nos libra de la depresión o la melancolía.
Y la dulce y cálida canela, estimulante sexual amada en las comidas y en los aceites para masajear nuestros cuerpos.
Y esto solo por nombrar unas pocas hierbas y especias, dentro de los miles de afrodisíacos que la naturaleza puso a nuestra disposición para amar y suspirar…
Si bien es cierto que en la actualidad existen estudios científicos que indican que algunas de estas tienen “propiedades afrodisíacas potenciales”, como: el azafrán, el chocolate, el ginseng y el clavo de olor. Mucho del componente de estimulación del deseo o placer sexual que tienen estas especias está en nosotros mismos y en todo el matiz erótico que acompañe el hecho de percibir sus exquisitos aromas y sabores, así como en la preparación de suculentos manjares con ellas.
“Es allí cuando entiendo que ese toque mágico afrodisíaco probablemente no esté solo en las especias en sí, sino en aquel que la reciba y por supuesto en la forma como lo reciba, perciba, asimile e interiorice” (ver cardamomo).
Por otro lado, dentro de toda esta onda de lujuria y pasión no podemos obviar ese lado tan sublime y sutil que tiene las especias en nuestras vidas. Y es que las hierbas y especias pueden llegar a ser la poseía más exquisita que alimenta nuestras almas, calienta nuestro aliento y nubla nuestras mentes.
¡Aquí les dejaremos dos extractos que quisimos regalarles en este día tan especial del amor y la amistad!
por Jehanne Dubrow
Esta noche soy fruta y clavo. Soy bergamota. Sumerjo una bolsa de té en la taza y dejo hervir la tetera hasta oírle cantar. En ese momento, una parte de mí recuerda como macerar las cosas más oscuras-estos años he sido una vasija
de hojas quemadas, perfumadas con aceite de naranja…
